EDITORIAL
Dos aspectos
fundamentales para erradicar la violencia en el Mundo
¿Justicia o
Caos Programado?
La caída de
Nemesio Oseguera Cervantes no es solo el fin de uno de los criminales más
buscados del mundo, sino un examen crítico para el Estado mexicano y su
relación con la comunidad internacional. Si bien el éxito del operativo en
Tapalpa demuestra una capacidad de inteligencia coordinada con Estados Unidos
que merece reconocimiento, la virulenta reacción en 20 estados del país revela
una realidad amarga: el control territorial de los cárteles sigue siendo una
fuerza paralela al Estado.
A nivel
internacional, el respaldo de figuras como Donald Trump subraya la importancia
de este evento para la agenda de seguridad de América del Norte. Sin embargo,
la celebración debe ser cautelosa. Históricamente, la eliminación de una cabeza
de grupo no implica la desaparición de la organización, sino que suele preceder
a una fase de fragmentación y disputas internas que podrían intensificar la
violencia en el corto plazo.
México se
encuentra hoy en una encrucijada. Con el Mundial 2026 en el horizonte, el país
debe demostrar que puede transitar de los golpes espectaculares a la
consolidación de la paz duradera. La muerte de "El Mencho" es un paso
significativo, pero los 252 ataques coordinados que le siguieron son un
recordatorio de que el monstruo de mil cabezas sigue vivo y que la estrategia
de seguridad nacional requiere más que solo abatir líderes; requiere recuperar
cada rincón del país que hoy sigue bajo el fuego de los narcobloqueos
Sin embargo, México
no solo es un país con cultura; es una potencia cultural. Desde las
civilizaciones mesoamericanas hasta el muralismo del siglo XX, el arte mexicano
ha sido siempre un ejercicio de resistencia y de afirmación de la identidad.
Sin embargo, en pleno 2026, nos enfrentamos a un nuevo paradigma: ¿cómo
preservar la esencia de nuestras raíces en una era de consumo digital acelerado
y algoritmos globales?
El Diálogo
Local: La Descentralización del Arte
Durante
décadas, la vida cultural de México pareció concentrarse en sus grandes
metrópolis. Hoy, asistimos a una necesaria descentralización. Los festivales de
cine en los desiertos del norte, las bienales de arte textil en Oaxaca y el
surgimiento de colectivos artísticos en comunidades rurales están redefiniendo
lo que entendemos por "cultura nacional". Las artes ya no solo se
observan en los museos de la capital; se viven en las calles y se tejen en las
comunidades. Esta democratización del acceso a la cultura es el pilar más
sólido para la cohesión social en tiempos de incertidumbre.
La Proyección
Internacional: Más Allá del Folklore
A nivel
internacional, México ha dejado de ser visto únicamente a través de la lente
del folklore tradicional. Si bien el mariachi y el Día de Muertos son
patrimonios invaluables, la escena artística contemporánea —desde la literatura
de nuevas voces femeninas hasta la arquitectura sustentable y el arte digital—
está posicionando al país como un referente de innovación. El arte mexicano
actual no solo "exporta nostalgia"; exporta crítica social,
soluciones estéticas y una visión única sobre los desafíos climáticos y humanos
del siglo XXI.
El Desafío de
la Era Digital
El gran reto
para las artes y la cultura, tanto en México como en el resto del mundo, es la
lucha por la atención. En un mercado global saturado de contenidos efímeros, el
arte auténtico —aquel que invita a la reflexión y al cuestionamiento— corre el
riesgo de quedar sepultado. Aquí es donde las políticas públicas y el apoyo a
los creadores independientes se vuelven vitales. Proteger la propiedad
intelectual de nuestros artesanos contra el plagio de grandes marcas
internacionales no es solo una cuestión legal, es una cuestión de dignidad
nacional.
La cultura
mexicana es un organismo vivo que se nutre del pasado para inventar el futuro.
A nivel internacional, nuestro prestigio artístico es nuestra moneda más
fuerte. Como sociedad, el desafío es entender que el arte no es un lujo, sino
una necesidad básica para comprender quiénes somos y hacia dónde vamos. México
tiene la voz, la visión y el talento para seguir siendo el gran mural donde el
mundo se mira para encontrar belleza y significado.
Es de suma
importancia para el Estado campaña de difusión “El Pincel contra el Plomo, La Paz
se construye con imaginación”. La reciente violencia desatada tras operativos
militares nos recuerda que la fuerza pública, aunque necesaria para la
contención, es insuficiente para la erradicación del narcotráfico. Si queremos
resolver el problema de raíz, debemos entender que por cada arma incautada,
necesitamos entregar un instrumento musical; por cada joven que el crimen
organizado intenta reclutar, el Estado y la sociedad deben ofrecer un
escenario.
La cultura y
las artes no son adornos de la vida nacional; son infraestructuras de paz. El
problema del narcotráfico es, en gran medida, un problema de falta de
horizontes. Cuando un niño en una comunidad marginada ve en el arte una
posibilidad de expresión y de vida digna, el cártel pierde su activo más
valioso: su base social.
A nivel internacional,
el mundo suele mirar a México con una mezcla de horror por su violencia y
fascinación por su belleza artística. Es momento de que esta última sea nuestra
principal estrategia de seguridad. Necesitamos una política de "Seguridad
Cultural" que no se limite a los museos, sino que inunde las calles.
Resolver el
narcotráfico con cultura significa invertir en la capacidad de los mexicanos
para imaginar un futuro distinto. La paz en México no llegará solamente con el
fin de los capos, sino con el inicio de una era donde la creatividad sea más
rentable y prestigiosa que la destrucción. No hay bala que pueda matar una
idea, y es tiempo de que nuestra idea de nación esté pintada con los colores de
nuestras artes y no con el rojo de nuestra historia reciente.

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